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La vacuna contra el VPH resalta la necesidad de más citologías

Judy Norsigian y Heather Stephenson 2007
Traducción Leonor Taboada

La vacuna llamada Gardasil representa un importante avance científico en el campo de la investigación de las vacunas. Gardasil juega también un papel sustancial en su potencial de poder salvar las vidas de mujeres en algunas partes del mundo donde la citología no se encuentra ampliamente disponible y, que por consiguiente, el cáncer cervical es mucho más frecuente que en países donde las pruebas o exámenes del cáncer (screening o cribado) son más comunes.

Al principio cuando salió la vacuna al mercado, la compañía farmacéutica Merck presionó duramente mediante una campaña agresiva de mercadeo para que se aprobaran  órdenes estatales que requirieran la vacunación de niñas entre los 9 y los 12 años.

Como la vacuna es mucho menos efectiva una vez que la persona se ha expuesto a la infección por el virus del VPH (muy común entre las mujeres jóvenes que hayan tenido contactos sexuales), el énfasis se ha puesto en alcanzar la población de niñas entre los 9 y los 12 años en lugar de adolescentes mayores.

¿Pero, tiene sentido este planteamiento obligatorio?

Incluso Merck ha retirado su apoyo a este planteamiento poniéndose del lado de las recomendaciones del Comité Asesor del Centro de Enfermedades sobre Prácticas de Inmunización que pide la disponibilidad de la vacuna, pero NO la obligatoriedad.

Sus razones son las siguientes:
No se trata de una enfermedad altamente contagiosa que requiera lo que llamamos "inmunidad de rebaño"-la vacunación de la mayoría de la población para prevenir efectivamente la diseminación de la enfermedad. El virus del VPH NO se transmitirá al sentarse en clase al lado de un estudiante infectado por una infección de VPH. Para contagiarse con el virus del VPH tiene que haber contacto íntimo.

Generalmente, antes de que una vacuna se haga obligatoria, la salud pública comunitaria vigila los primeros años de existencia de una nueva vacuna con el fin de ver cómo es recibida y la clase de problemas que puedan surgir antes de hacerla obligatoria. Dado que los ensayos clínicos de la vacuna sólo han reclutado a unos pocos cientos de niñas entre los 9 y los 12 años, este planteamiento parece especialmente prudente.

La oposición a la vacuna entre grupos conservadores quienes han presentado objeciones de tipo moral desafortunadamente ha nublado la legitimidad de las  preocupaciones que puedan tener padres y madres de niñas jóvenes en cuanto a lo seguro de esta vacuna.

Hasta ahora, los efectos negativos son menores y transitorios, pero sólo la vigilancia posterior al mercadeo podría detectar cualquier nivel bajo de efectos negativos que puedan ser más graves.

La vacuna no se recomienda a mujeres embarazadas, a personas con enfermedad aguda, moderada o grave,  ni a nadie con sensibilidad hacia sus componentes.

¿La obligatoriedad de la vacuna realmente reduciría el cáncer cervical?

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Norteamérica predicen una reducción de cáncer cervical de un 22 a un 60%, atribuible a esta vacuna. Sin embargo, para que esa reducción se produjera, tendría que ser vacunada un alto número de mujeres jóvenes. E incluso así, la reducción de cáncer cervical invasivo no podría medirse en varias décadas.

Gardasil parece segura y efectiva hasta los cinco años, el tiempo en que se ha estudiado hasta ahora, y si sus efectos fuesen tan fuertes a largo plazo como sugieren los primeros resultados, el requerir y financiar la vacunación de las niñas en edad escolar (con la excepción de las familias que renuncien a hacerlo) podría ser la mejor forma de asegurar el acceso y la protección para todas las niñas, sin distinción de clases o raza.

Alrededor de 10.000 casos de cáncer cervical se diagnosticarán este año en los Estados Unidos y unas 3.700 de esas mujeres morirán a causa de la enfermedad. La mayoría de las mujeres que mueren de cáncer cervical nunca se han realizado una citología. Esta prueba puede detectar tejido precanceroso que puede ser extraído para evitar el desarrollo del cáncer cervical.

En Estados Unidos hay 6.6 casos de cáncer cervical por cada 100.000 mujeres blancas, 10.5 casos por cada 100.000 mujeres afro-americanas y 14.2 casos por cada 100.000 mujeres hispanas/latinas, siendo las latinas las mujeres con la tasa más alta de cáncer cervical. La disparidad racial se debe, al menos en parte, a que las mujeres de color tienen menos acceso a las pruebas.

Globalmente, en las regiones en las que la tasa de incidencia es mucho menos habitual, las cifras son mucho peores. En zonas de África, América del Sur y América Central y en Micronesia hay más de 50 casos de cáncer cervical por cada 100.000 mujeres.

Todavía no sabemos si requerir la vacunación puede reducir las muertes por cáncer cervical y reducir las disparidades étnicas y raciales en términos de prevalencia de HPV, incidencia de cáncer cervical y mortalidad por cáncer. Es posible que las mujeres que no obtienen citologías y seguimiento regular sean también aquéllas con menos probabilidades de ser vacunadas, incluso con órdenes legislativas en vigencia.

Si hay algo que las discusiones dejan claro es la necesidad de poner más esfuerzos a que se hagan citologías. El cáncer cervical solía ser la causa principal de muerte por cáncer entre las mujeres norteamericanas. Pero desde la introducción de las citologías, en la década de los cuarenta, esas muertes han disminuido un 75%, incluso cuando la población ha aumentado.

¿Qué logra la Vacuna contra el VPH?

El VPH es la infección más común transmitida sexualmente en los Estados Unidos, afectando a una de cada cuatro mujeres (25%) entre los 14 y los 59 años. La exposición generalmente ocurre en los primeros años de actividad sexual, pero las infecciones suelen pasar desapercibidas porque no hay síntomas. La gran mayoría de infecciones se curan solas.

En el mundo, el 70 % de las mujeres que desarrollan cáncer cervical han sido infectadas por VPH 16 ó VPH 18, dos cepas a las que se dirige la vacuna Gardasil. Pero la mayoría de las mujeres infectadas incluso con esas cepas "de alto riesgo" no desarrollarán un cáncer cervical.  Además de proteger efectivamente contra cepas 16 y 18 de VPH, Gardasil protege contra los tipos 6 y 11, que causan verrugas genitales pero no cáncer cervical.

Cervarix, la vacuna que Glaxo SmithKline espera introducir pronto en los Estados Unidos, también protege contra los tipos de HPV 16 y 18, pero no de las cepas que causan verrugas genitales. Puede que ambos- Gardasil y Cervarix- provean protección cruzada parcial contra algunos tipos adicionales de HPV.
 
Ninguna de estas vacunas protege de todos los tipos de HPV que pueden conducir a un cáncer cervical. Aún siguen siendo necesarias las citologías periódicas y el seguimiento, incluso para las mujeres vacunadas, porque pueden haber tenido una exposición previa al HPV o pueden estar expuestas más tarde a otras cepas que las vacunas no protegen.

Vale la pena resaltar que los ensayos de la vacuna HPV sólo han demostrado protección contra lesiones precancerosas genitales relacionadas con el VPH, no contra el cáncer.

Una discusión actual es si Merck necesita cobrar 360 dólares por persona por la vacuna, como lo está haciendo actualmente. Según Glen McGee, de la Escuela de Medicina de Albany, Merck podría recuperar en varios años el costo del desarrollo de ésta y otras vacunas que nunca llegaron al mercado cobrando diez veces menos que ahora (asumiendo que las ventas continúen al ritmo actual). Merck dice que ha calculado el precio tomando en consideración el costo de la investigación y el desarrollo, así como el ahorro que la vacuna podría producir en tratamientos relacionados con el VPH. Otros análisis (por ejemplo, el informe de la British Columbia Cancer Agency) están en desacuerdo con sus cálculos y concluyen que el costo de la vacunación supera ampliamente la cantidad ahorrada en evitar el tratamiento de enfermedades relacionadas con el HPV.

Mientras consideramos cómo proceder sobre la vacunación VPH, nuestras decisiones individuales y las políticas públicas deben guiarse por una clara comprensión de las investigaciones - y no por las proclamas de mercadeo o el financiamiento de grupos de presión-

Para más información:

 

 

 

 

 

 
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