Negocio Sucio: Falta de Equidad Menstrual en las Cárceles Colombianas

Woman handing menstrual supplies to Colombian prisoners
The author hands menstrual supplies to women prisoners in Colombia / Charlie Ruth Castro entrega productos menstruales a mujeres con pena privativa de la libertada en Colombia
By Guest Contributor |

By Charlie Ruth Castro

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Vamos a hablar de menstruación, el proceso más natural y necesario para la buena salud reproductiva entre las mujeres, pero aquel que culturalmente nos han enseñado a aborrecer, ocultar o incluso a hacerle burla. Y por otro lado voy a hablar de un negocio sucio perpetrado por ciertos funcionarios del INPEC -la institución nacional a cargo de la política penitenciaria- en muchas de las cárceles de Colombia: el desvío de presupuestos para el suministro de toallas higiénicas para la población femenina dentro de las cárceles.

En mi trabajo con mujeres en cárceles he visto muchas cosas impactantes como el nivel de hacinamiento, el estado de descomposición en la comida que reciben las reclusas y la decadencia del plantel donde hasta el agua escasea. Pero nada me marcó tanto como enterarme que las mujeres en la cárcel de mediana seguridad de Sogamoso reciben en promedio 25 toallas al año. Una cifra absurda. Esto significa que hay menos de dos toallas por periodo menstrual para que una mujer en plena edad reproductiva administre su flujo menstrual.

Women prisoners mingling in a Colombia

Women in Colombia mingle in a prison yard

Déjenme decirles, esto no alcanza ni para una mala hora dentro del segundo día del flujo menstrual. Lo normal es utilizar entre 2 a 4 toallas, durante un promedio de 5 días. Lo que sería el suministro de toallas para un mes normal, una mujer en la cárcel debe hacerlo rendir para todo un año. Entonces, cómo se logra sobrellevar el período menstrual tras las rejas?. La respuesta: con mucha ropa que se pueda manchar.

Muchas de mis estudiantes llegaban con cobijas apretadas a la cintura. A falta de toallas -y ni hablar de elementos más caros como tampones o de acceso limitado como copas menstruales- las mujeres deben utilizar sus panties, jeans y pantalones de pijama. Cuando todo ya se ha manchado, el último recurso es utilizar la cobija con la que se abrigan en las noches como falda.

Sumen a esto el hecho de que durante el día las mujeres tienen acceso limitado al sanitario, y a veces ni siquiera tienen agua limpia para asearse. Pasar de 6 am a 5 pm en estas condiciones deriva en infecciones vaginales debido a la acumulación de bacterias. Quejarse es inútil porque sólo en el raro caso donde les asignan una visita al ginecólogo, este profesional suele abusar de los derechos de las pacientes. Mis estudiantes me contaron varios episodios de violencia sexual que quedaron impunes porque las autoridades no prestaban atención a las denuncias o incluso terminaban facilitando los abusos. Por evidentes razones, las reclusas prefieren prescindir del examen anual antes de ser víctimas de una violación o un trato denigrante.

A group of people outside a prison delivering menstrual supplies

The author and a group of doctors deliver menstrual supplies / La autora de esta nota, miembros de MujeresConDerechos.org y voluntarios de Mi Doctor Clínica de la Mama, entregando una donación de productos menstruales

Una toalla higiénica en Colombia puede costar 600 pesos ó 18 centavos de dólar en un supermercado. Dentro de una cárcel puede costar cinco veces más. A falta de dinero dentro de una cárcel, las mujeres deben aceptar situaciones denigrantes y abusos de poder por parte de los funcionarios del INPEC. Realmente, ninguna mujer -dentro o fuera de una cárcel- debería enfrentar enfermedades o sentirse humillada porque no puede acceder a toallas, tampones o copas menstruales.

Sangrar en los días del periodo es normal. Pero permanecer manchadas y sin acceso a formas de lidiar con el sangrado es indignante y esto ataca la confianza de cualquier niña o mujer, y nos hace percibir la menstruación como sinónimo de estrés, vergüenza y castigo.

Los productos menstruales son lujos que no se pueden dar muchas mujeres en países en desarrollo como Colombia. Cuando no hay dinero para comprar toallas higiénicas, el periodo menstrual significa atravesar por los días más humillantes, costosos y limitantes del mes donde la vida normal se hace dolorosa desde lo físico, lo emocional y cultural.

Ahora, vivir el periodo menstrual no debería ser visto como una tragedia costosa. Hace más de 30 años se masificó la copa menstrual, una alternativa económica y ecológica frente a las toallas, los tampones o la simple tela que se mancha. Una copa puede durar entre 5 y 15 años, y se mantiene con los cuidados elementales que le darías a tu taza de café favorita: jabón sin perfume y agua cada vez que la retires, y al final de cada ciclo remojarla en agua caliente para esterilizarla completamente. Es una inversión de bajo costo para una mujer si lo comparamos con “la renta mensual” que se paga por toallas o tampones, por esta razón no es tan sonora como los comerciales de toallas higiénicas.

Por ejemplo, la copa Powerful Vale está diseñada para facilitar el acceso a copas menstruales para niñas y mujeres de escasos recursos en América Latina. Queremos usar la copa como un medio para generar una conversación sobre menstruación, brindar acceso incluyente y económico, y ofrecer una alternativa medioambientalmente responsable.

El gran obstáculo de las mujeres en la cárcel, chicas en escuelas públicas u orfanatos, o mujeres en refugios temporales, es que la menstruación se ve como un asunto sucio y estigmatizante, que es preferible ignorar. La ceguera estatal frente a la higiene menstrual de las niñas y mujeres de menores recursos es un asunto de salud pública que afecta la vida de millones y limita la vida digna y justa. No hablar del derecho de toda adolescente y mujer a acceder a productos menstruales es discriminatorio y nos aleja de equidad de género que todos merecemos.

Este proceso fisiológico debe dejar de ser visto como un tabú y debe convertirse en la estrategia para devolver la dignidad a las mujeres. No hay nada más normal que tener el período y si queremos un verdadero mundo con equidad debemos hablar sobre la menstruación. Es necesario educar tanto a niñas como niños y a adultos de todas las edades sobre este tema. Debemos crear ambientes libres de estigmas para hablar públicamente, y sobretodo, debemos garantizar el acceso a productos menstruales a todas las mujeres, y en especial a aquellas que por sus condiciones socio-económicas, limitaciones físicas o locaciones remotas no la tienen fácil para comprar productos de higiene menstrual, pero que al igual que todas, tienen derecho a sentirse dignas, confiadas y saludables en esos días del mes.

Charlie Ruth Castro es una innovadora colombiana, abogada y activista por los derechos de las mujeres. Ha sido directora de Mujeres Con Derechos desde 2016 y es la fundadora de la compañía Powerful Menstrual Cup. También es miembro de la junta directiva de Our Bodies Ourselves y miembro del Berkman Klein Center de la Universidad de Harvard. Puede encontrar más información sobre su trabajo y apoyar la distribución de suministros de copas menstruales a mujeres necesitadas en el sitio web de Mujeres Con Derechos.

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